¿Es el teletrabajo la opción más sostenible para combatir el cambio climático?

Las investigaciones parecen indicar que trabajar desde casa, aparte de aumentar la productividad, restablecer el equilibrio entre la vida laboral y privada y mejorar el bienestar personal, tiene también un menor impacto en el calientamento global.

La emergencia climática y el futuro del trabajo

El reciente período de confinamiento, debido a la epidemia de COVID-19, ha llevado a una gran cantidad de trabajadores a abandonar sus oficinas y a trabajar de forma remota desde sus hogares para limitar las posibilidades de contagio. Según los datos recopilados, durante los meses de confinamiento, en España más de tres millones de trabajadores han teletrabajado. Este cambio brusco en la forma de trabajar de la gran mayoría de la población ha permitido, por primera vez, evaluar el impacto que tiene el trabajo a distancia en fenómenos relacionados con el cambio climático, como el consumo de energía y combustibles o la producción de residuos.

 

De hecho, la emergencia medioambiental ha hecho que sea cada vez más urgente reconsiderar por completo los procesos de producción para mitigar los efectos sobre el ecosistema terrestre y evitar efectos desastrosos sobre el clima. Como ya ha destacado un estudio de la Universidad de Gotemburgo, por ejemplo, reducir el número de horas de trabajo semanal de las 40 horas actuales a tan solo 25, reduciría drásticamente el consumo y las emisiones, ralentizando así el proceso de calentamiento global. Asimismo, el teletrabajo es visto por muchos como una de las opciones laborales más sostenibles desde el punto de vista del impacto ambiental. Pero ¿hasta qué punto esto es verdad?

¿Es realmente el teletrabajo la opción más “verde” de la que disponemos?

La primera y más evidente consecuencia de la transición masiva al trabajo a distancia fue una reducción drástica del tráfico generado por los desplazamientos desde los hogares a los sitios de trabajo y, en consecuencia, de la contaminación atmosférica relacionada con las emisiones generadas por los coches. Ya durante los primeros días de confinamiento, incluso antes de que las limitaciones de movimiento se endurecieran, los desplazamientos al lugar de trabajo ya se habían reducido de un 64%. Está claro que un menor consumo de gasolina significa claramente una reducción de las emisiones y, por lo tanto, una mejora de la calidad del aire en las ciudades.

 

Además del consumo de combustibles fósiles, el hecho de que una parte importante de la población trabaje desde casa contribuye también a la disminución del consumo de electricidad. Según un estudio de Sun Microsystems, cuando el trabajo se realiza en las oficinas, el consumo de energía es casi el doble del que se consume en casa: Según estimaciones, cada teletrabajador representa un ahorro neto anual de al menos 5.400 kilovatios por hora. ¿La razón? Las oficinas utilizan equipos de energía más costosos que a menudo permanecen encendidos constantemente, lo que provoca que el consumo de electricidad aumente. Además, está comprobado que generalmente las personas están menos atentas al consumo de energía en los espacios compartidos.

 

Quien trabaja de forma remota también utiliza menos papel y plástico, consume menos materias primas y al mismo tiempo produce menos residuos. La mayoría de nosotros no estamos acostumbrados a prestar atención a la cantidad de suministros de oficina que se utilizan a diario, pero artículos como tazas de café desechables, cartuchos y tintas para la impresora a menudo terminan directamente en los vertederos sin ser utilizados, cosa que contribuye a la aceleración del proceso de calentamiento global. Trabajar desde casa, entonces, reduce a casi cero el consumo de material de oficina. De hecho, los teletrabajadores son mucho más reacios a imprimir en papel, por ejemplo, cuando saben que cualquier documento o información enviado o recibido se almacena digitalmente en los servidores de la empresa o en la nube corporativa.

 

Equilibrar las potenciales desventajas

No todo el mundo es optimista sobre el impacto medioambiental del trabajo a distancia: la consultora británica WSP, especializada en ingeniería industrial, ha realizado una serie de estudios que revelan cómo los beneficios del teletrabajo para el medio ambiente podrían limitarse solo a la temporada de verano, por los menos para países con un clima similar al del Reino Unido. Esto se debe a que los edificios que albergan oficinas están generalmente equipados con mejores medidas de ahorro energético, especialmente en lo que se refiere a la climatización (calefacción y aire acondicionado) de los espacios. Además, si cada persona trabajara desde su propia casa incluso en invierno, la calefacción de cada apartamento se encendería para calentar a una sola persona. Esto significaría una cantidad mayor de energía en comparación a la que se necesita para calentar un espacio compartido. Lo mismo ocurre con el aire acondicionado en verano: el consumo es significativamente mayor cuando se distribuye entre varios apartamentos en comparación a un único sistema central utilizado para un entero piso o incluso edificio.

 

Según los analistas de WSP, para equilibrar este fenómeno y permitir una difusión sostenible del teletrabajo, puede ser necesario replantearse por completo, por ejemplo, el diseño de viviendas en términos de ahorro de energía y aislamiento térmico.

 

 

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