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Slow work: trabajar lentamente para trabajar mejor

 

Los ritmos frenéticos de la vida laboral moderna pueden comprometer nuestra salud física y mental, con graves consecuencias también en la productividad. Adoptar la filosofía del slow work nos puede ayudar a recobrar el equilibrio y aumentar el rendimiento profesional.

El mito de la velocidad y sus consecuencias

La sociedad actual está obsesionada con la velocidad, en todos los ámbitos de la vida cotidiana parecen haber una carrera contra el tiempo: solo hay que pensar en el fast food, donde la comida está preparada y consumida en tiempos muy breves; o en el fast fashion: que produce ropa semanalmente. Nuestra actitud hacia el trabajo está sometida siempre a la necesidad de hacer más en menos tiempo, como demuestra la tendencia al multitasking. No obstante, existen numerosos estudios científicos que han puesto en evidencia que el hecho de repartir la atención entre varias actividades compromete la calidad del trabajo.

Aunque el ritmo frenético de la vida laboral moderna nos promete una productividad y eficiencia mejores, la realidad demuestra que cuanto más aumenta la velocidad más se empeoran los resultados. La sensación de no disponer del tiempo suficiente nos lleva a cometer un número mayor de errores y finalmente influye negativamente en el rendimiento laboral. Según los resultados del sondeo CareerCast el culto a la velocidad tiene consecuencias graves incluso para la salud física y mental. En este estudio se ha identificado que los plazos son la principal fuente de estrés en el trabajo. La exposición prolongada a altos niveles de estrés puede originar patologías como la ansiedad y la depresión, además de aumentar el riesgo de diabetes, tumores y enfermedades cardiovasculares.

 

El slow work, la importancia de la lentitud

El slow work es la aplicación en ámbito laboral de los principios de los slow living, esta última es una filosofía inspirada por el movimiento slow food e invita a vivir más lentamente y de manera más consciente. Propone aprender a respetar los ritmos fisiológicos del organismo y apreciar cada uno de los momentos que componen el día. Adoptar la filosofía slow work significa aprender, antes de todo, a utilizar con sabiduría el tiempo que se pasado en la oficina y a dosificar las energías para dedicarle a cada tarea la justa atención y concentración. Según el profesor Gail Kinman, investigador en el departamento de psicología del trabajo en la Universidad de Bedfordshire, enfrentarse a la vida con mayor ligereza nos hace más capaces de gestionar el estrés porque da tiempo a nuestro organismo de deshacerse de la tensión acumulada. Un planteamiento menos frenético del trabajo ayuda también a tomar decisiones más racionales y eficaces como dice Daniel Kahneman, ganador del premio Nobel en economía, en su libro “Pensar rápido, pensar despacio”. Según el autor la mayor parte de las decisiones que tomamos cuando estamos bajo presión están guiadas por el instinto y la impulsividad, mientras que nuestras capacidades lógicas y racionales necesitan de más tiempo para analizar las situaciones y tomar decisiones sensatas.

 

Tres consejos para ralentizar el ritmo

Para empezar a aplicar los principios del slow work a nuestra práctica laboral, es suficiente con seguir algunas sencillas recomendaciones:

 

  • Utilizar una to-do-list para gestionar nuestra agenda procurando no subestimar el número de tareas que podemos desempeñar durante el día, teniendo en cuenta la necesidad de satisfacer los ritmos fisiológicos de recuperación. Para evitar llenar nuestra lista con cantidades excesivas de cosas por hacer, es útil doblar la estimación del tiempo necesario para cada actividad: esto nos permitirá trabajar con mayor calma, dedicando a cada tarea el tiempo necesario, el objetivo es no tener la sensación de estar con el agua por el cuello. Teniendo en cuenta que siempre se puede revisar y amoldar las estimaciones de tiempo si resultan ser demasiado generosas.

 

  • Evitar hacer multitarea a toda costa. La convicción de poder realizar varias tareas simultáneamente es una ilusión: como demuestran los resultados de un estudio del 2009. Lo que llamamos multitarea no es otra cosa que pasar de una actividad a otra continua y rápidamente, una costumbre que influye negativamente tanto en las capacidades cognitivas como en la memoria. Para aprender a dedicar a cada tarea la justa atención, hay que comprometerse a desempeñar una tarea a la vez, evitando las distracciones y las interrupciones.

 

  • Programar pausas regulares. Recientes estudios científicos han demostrado que nuestra concentración sigue un ciclo de 90 minutos, después de los cuales la atención baja drásticamente, lo que nos hace más propensos a cometer errores. Para recuperar las energías mentales es necesario desconectarse periódicamente del trabajo y concederse unos minutos de relax lejos del escritorio. Si nos cuesta programar pausas regulares durante la jornada, podemos apoyarnos en la técnica Pomodoro, que ayuda a minimizar las distracciones.

 

 

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